¿Por qué si Donald Trump es favorito, su regreso a la Casa Blanca no estaría asegurado?

Que Donald Trump es favorito para ganar la nominación del Partido Republicano de cara a las elecciones de noviembre próximo era algo que ya se sabía e indicaban todas las encuestas. Pero el caucus del lunes pasado en Iowa, la primera parada en el largo sistema de primarias que existe en Estados Unidos para escoger a un candidato, confirmó que lo del expresidente más que una competencia será una coronación.
 

Aunque el número de votantes que acudió a las urnas fue pírrico —unas 100.000 personas— y muchos cuestionan si Iowa, un estado muy rural y mayoritariamente blanco, es representativo del resto del país, la victoria de Trump fue tan contundente que, en la práctica, probablemente cerró todos los caminos para un eventual desafío de sus rivales.


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El expresidente fue el preferido por el 51 por ciento de los votantes, seguido por el gobernador de la Florida Ron DeSantis (21 por ciento), quien se retiró este domingo 21 de enero de la carrera presidencial;  la exgobernadora de Carolina del Norte Nikki Haley (19 por ciento), y el empresario Viveck Ramaswamy (8 por ciento).

Tras los resultados, Ramaswamy —al que le decían mini Trump por la similitud de su tono y propuestas con las del expresidente— anunció su retiró de la contienda, lo cual fortalecerá aún más su posición, pues se presume que Trump heredará esos votos.

Trump

El expresidente Donald Trump.

Foto:

Getty Images/AFP

Los ojos, por lo tanto, están puestos ahora en la primaria de este martes en Nuevo Hampshire.

Hasta del caucus de Iowa, Haley, la exgobernadora, había comenzado a subir las encuestas y se perfilaba como la alternativa anti-trump en el proceso electoral. Pero su tercer lugar en el caucus desinfló a sus seguidores. El pobre desempeño, en parte, se atribuye a los ataques del expresidente que en las últimas semanas enfiló sus ataques contra Haley a quien percibía como la única amenaza para sus aspiraciones.

Y lo hizo empleando un libreto del pasado. pero que al parecer sigue resonando entre los republicanos. En el 2008, cuando los demócratas se inclinaban por Barack Obama, Trump comenzó a cuestionar su origen, alegando que quizá ni era estadounidense, y que su padre provenía de África.

Republicanos

El gobernador de Florida, Ron DeSantis, y la ex embajadora de EE. UU. ante la ONU Nikki Haley.

Los ataques de Trump a Nikki Haley

Haley, a quien el expresidente nombró embajadora ante la ONU durante su administración, es hija de inmigrantes de la India. Ahora, Trump sugiere que quizá ni podría ser presidente de Estados Unidos, pues sus padres no lo eran cuando ella nació ya en territorio estadounidense. Lo cual no es cierto pues la única condición para ser mandatario del país es haber nacido en territorio estadounidense.

Aun así, la sola sospecha ha puesto a pensar a muchos. El expresidente, además, ha comenzado a referirse a Haley por su nombre de pila -Nimrata Randhawa- con clara intención de hacerla lucir foránea. En un ambiente antiinmigratorio como el que se respira en el país, especialmente en el partido republicano, es un detalle que sin duda pesa.

Haley, por su puesto, aún podría dar la sorpresa. En el último promedio de encuestas del portal 538, Trump aparece de primero con el 47 por ciento de las intenciones de voto, seguido por Haley como el 34 por ciento y un muy distante DeSantis con el 5 por ciento. Un repunte de Haley de última hora que la acerque a Trump -o una inesperada victoria- podría poner la carrera patas arriba y abrir la contienda a una pelea entre las dos facciones del partido -trumpismo y antitrumpismo-.

Pero si los resultados se mantienen y Trump vuelve a llevarse el 50 por ciento del voto, la contienda, de facto, podría terminar este mismo martes.

Nadie espera que Haley se retire. Pero su participación sería más para conquistar un segundo lugar que le permita posicionarse para un cargo en una futura administración Trump. Lo cual cambiaría la dinámica pues antes que alejarse del expresidente o atacarlo lo más probable es que se aproxime a sus posiciones.

De hecho, muchos ya hablan de la posibilidad de que Haley termine siendo su fórmula a la vicepresidencia. Dado que Trump peleó a muerte con su antiguo vicepresidente, Mike Pence, tiene aún que escoger a un candidato para que lo acompañe en las generales. Y Haley, sobre el papel, lo tiene todo. Mujer, hija de inmigrantes, joven, de posiciones más moderadas y antídoto para conquistar al sector del partido republicano que no lo respalda aún.

Biden

Los probables candidatos a la presidencia de Estados Unidos son Joe Biden y Donald Trump.

“Para Trump esto es como un sueño hecho realidad. En solo dos jornadas elimina a todos sus rivales sin desgastarse y de paso le sale una opción para la vicepresidencia con la que puede comenzar a hacer campaña desde ya”, afirma David Hopkin, profesor en ciencias políticas de la Universidad de Boston.

Mirando en perspectiva se trata de un escenario perfecto porque en lugar de una larga batalla entre varios candidatos, que por lo general termina debilitando al ganador y generando fisuras entre el partido, Trump puede dedicar todo su arsenal económico y los actos de campaña a atacar a Joe Biden, su más probable contendor en noviembre.

¿Podría haber una fractura en el Partido Republicano?

Por supuesto, el camino para Trump, si bien se ve fácil para las elecciones primarias, no está despejado en las generales. Aunque los 91 cargos criminales que enfrenta en cuatro procesos judiciales diferentes al parecer no han hecho mella entre sus seguidores, podrían pesar más adelante.

En encuestas a boca de urna hechas en Iowa, tres entre cada diez republicanos dijeron que una condena en su contra le impediría ser presidente. Y seis de cada diez que votaron por Haley afirmaron que no votarían por Trump en las generales.

Números que son preocupantes pues el expresidente necesita el respaldo no solo de su partido sino también de los independientes.

Hay que recordar que Trump llegó a la Casa Blanca en 2016 pese a haber perdido el voto popular (obtuvo solo el 48 por ciento del voto) y que en 2020 fue ampliamente derrotado por Biden por más de ocho millones de votos y en estados muy republicanos como Arizona y Georgia.

Y nadie sabe a estas alturas qué efecto tendrán sus enredos judiciales cuando llegue la hora de tomar decisiones o el impacto de una condena o la absolución en alguno de los procesos que están pendientes.

Pero, sobre todo, cómo encajaría en todo eso el presidente Biden. En condiciones normales y dado todo lo negativo que arrastra Trump, el actual mandatario no debería tener problemas para ganar la reelección. Pero su gobierno ha estado plagado de problemas -particularmente por la alta inflación- y sigue siendo tremendamente impopular incluso entre su propio partido.

Biden actualmente tiene índices de popularidad que están por debajo del 40 por ciento y en enfrentamientos simulados con Trump pierde en la mayoría de las encuestas.

En otras palabras, todavía queda mucha tela por cortar y el panorama electoral en Estados Unidos sigue turbio.

Pero, para Trump, al menos en lo que concierne al proceso de elecciones primarias, su camino se ve más que despejado.

SERGIO GÓMEZ MASERI
Corresponsal de EL TIEMPO
Washington

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